miércoles, julio 13, 2005
Y dale con la entropía...esta vez del blog...

Me he pasado todas estas últimas horas tratando de entender bien el sistema este de los blogs. Ya dije que esto era sólo el principio, y como buen principiante navego desorientado, sin brújula ni astrolabio por el confuso firmamento de herramientas que este entrópico y eficaz programa me da. He revisado a la ligera diversos blogs de colegas más osados y diestros y caigo en la desesperación de ponerme a tono rápidamente. Mi idiotez y atolondramiento me impiden entender que éste es un proceso, y como tal, fallaré mil veces antes de decir lo que realmente quiero.
Ése sí que es un problema. Lo que quiero muchas veces no es lo que otros quieren, y si esto que pienso y quiero decir no se entiende, se desvirtuará a tal punto que la entropía se volverá incontrolable. No habrá ningún proceso semiótico que valga, y todo signo, símbolo y código caerá en un maremagno supremo de confusión lingüística. Una verdadera teoría del caos del habla y el entender.
No es exageración. El caos está presente en todas partes de la naturaleza. De lo micro, a lo macro. Cuento aparte, éste fue uno de los grandes postulados de Leonardo Da Vinci: lo que está presente en lo más mínimo, en la célula, se repite a lo macro en la Humanidad, el mundo y el Universo. Del entrópico caos de las partículas atómicas y subatómicas, pasando por la célula y llegando hasta el mismo caos del Big-Bang universal. Entrópico, sí. Pero redundante, pues se repite.
Así percibo la sapiencia de Ése que nos guía y que comprende y encaja a la perfección los complejos mecanismos de la redundancia y la entropía. Por mi parte sigo tratando de calzar fotos y entradas de esta gran confusión de ideas que me he propuesto so pena de locura, extrañamiento y/o muerte hacer llegar. Aún recuerdo ese antiguo episodio de la revista Superman, de hace 10 años, cuando había vuelto de la muerte. Sus poderes empezaron a aumentar de forma desmesurada y ya ni siquiera sabía cómo retenerlos sin matar o destruir con sólo un toque de su dedo.
Era tal su carga que debió huir al espacio para expulsarla, con un estruendo casi nuclear. A todo esto, en el espacio no hay sonidos, aunque sí para George Lucas. Pero eso no cuenta por ahora. Y así me siento yo. Quiero expulsar toda esta sobrecarga de locura, pero las herramientas del blog aún me lo impiden, ¡y eso me desespera! Una cosa sí. No será por mucho tiempo más...
Be careful, planet Earth.
